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“Se espera que estos aranceles afecten significativamente al sector metalúrgico a nivel mundial, incluyendo a España. Dentro de la Unión Europea el impacto para España sería menor que el que sufrirían otros países de la UE, como Irlanda, Alemania, Italia o Francia. Su aplicación de manera diferenciada según los países de origen entre los que estaría los de la Unión Europea podría enfrentar a la industria metalúrgica española a importantes desafíos debido a la alteración de las cadenas de suministro y al aumento de la competencia en mercados alternativos, ya que los países afectados por los aranceles buscarán nuevos destinos para sus exportaciones”, comenta Rosa Sánchez Moya, secretaria general de la Federación de Empresarios del Metal de la Provincia de Alicante (Fempa). “Además, las empresas de terceros países, con regulaciones menos gravosas que la europea podrían abaratar sus costes de producción provocando una bajada de precios y una desventaja competitiva para las empresas españolas. En resumen, la imposición de aranceles por parte de Estados Unidos podría provocar una reconfiguración del comercio internacional de metales, afectando tanto a productores como a consumidores en diversas regiones, incluida España. Tampoco hay que olvidar las consecuencias inducidas de un aumento de aranceles en las exportaciones españolas al resto de la UE, México y Canadá, así como en las exportaciones de nuestras empresas radicadas en México y Canadá a Estados Unidos”, añade.
En líneas similares, Adolfo Rey, director gerente de la Federación Vizcaína de Empresas del Metal (Fvem), señala: “Son medidas que tenemos que asimilar como proteccionistas con la propia producción estadounidense. Por tanto, entendemos que no tendrán los mismos aranceles aquellos materiales que demanden más. Estos gravámenes, claro está, perjudican a nuestras exportaciones. Habrá que ver si se puede repercutir el gasto, que lo dudo. Lo más probable es que las empresas que no puedan acceder al mercado estadounidense por la competencia que se va a generar y tengan que abrir mercados destino alternativos”.
Tal y como afirma Sánchez Moya: “España exporta unas 250.000 toneladas de acero al año a Estados Unidos, lo que representa el 3,3% del total de las exportaciones siderúrgicas, lo que nos sitúa como el décimo mayor proveedor de este material al país norteamericano, consolidándose como una línea de negocio clave para el sector. Con respecto al aluminio, España es el vigésimo octavo exportador al país norteamericano, con 19.664 toneladas en 2024 (128,9 millones de euros)”. De esta manera, “en términos de volumen, durante los últimos 11 meses de 2024, España exportó aproximadamente 290.000 toneladas de acero a Estados Unidos. Estas cifras reflejan la importancia del mercado estadounidense para las exportaciones españolas de acero, representando una porción significativa de las ventas internacionales de este sector”, informa la secretaria general de Fempa.
La aplicación de estas medidas tendrán diversas consecuencias en los precios como el encarecimiento del acero importado en Estados Unidos, pero también se reducirán los márgenes de beneficio para las empresas. Así lo indica Rey, quién añade: “Sobre el precio del acero a nivel global, no creo que afecte. Seguro que aquellas empresas que dejen de exportar a Estados Unidos encuentran otro destino, por lo que tampoco habrá un excedente que provoque depreciación”.
Para Sánchez Moya esta medida tendrá consecuencias en los precios si estos aranceles no se aplican por igual a todos los países. “La aplicación de aranceles encarece la importación de acero español en EE.UU., lo que podría llevar a un reajuste de precios tanto en el mercado estadounidense como en el europeo. Si las empresas españolas no pueden exportar con la misma facilidad, habrá un aumento de la oferta interna, lo que podría afectar los precios en Europa por exceso de oferta. Y todo ello, sin margen para abaratar costes como consecuencia de las exigencias de la normativa europea, de las que están exentos otros competidores internacionales como China o India que tendrían mayor margen de maniobra para absorber el sobrecoste de los aranceles rebajando costes de producción y por tanto, el precio del acero”, afirman desde Fempa.
La reducción de la demanda por parte de clientes estadounidenses debido al posible encarecimiento de los productos es otra de las consecuencias directas de la aplicación de estos aranceles. “La producción estadounidense será más económica que la europea, por tanto, lo lógico es que se consuma en primer lugar el producto propio. Lo que está por ver es si pueden abastecerse solo con esa producción o necesitan más acero. Y entonces, ¿qué pasará? Veremos si están dispuestos a pagarlo más caro o tendrán que revisar los aranceles”, asegura el director gerente de Fvem.
Por parte de Fempa comentan: “Sería una consecuencia lógica y de hecho lo que Trump pretende con este tipo de medidas es incentivar la fabricación interna de estos productos. Con unos aranceles elevados, las empresas estadounidenses que importaban acero español podrían optar por buscar proveedores locales o de países con acuerdos comerciales más favorables. Esto afectará directamente a las exportaciones españolas y reducirá la demanda por parte de clientes en EE.UU. Cosa distinta es que EEUU tenga capacidad para producir todo el metal que actualmente importa. De no ser así, el primer perjudicado va a ser el consumidor estadounidense”.
El papel que juega la UE en la búsqueda de un posible acuerdo es clave en este conflicto comercial. “Durante el primer mandato de Donald Trump, entre 2017 y 2021, ya se impusieron aranceles del 25% al acero y del 10% al aluminio a la Unión Europea. Aunque hubo una exención temporal que expiró el 1 de junio de 2018. Como respuesta, la Unión Europea impuso contramedidas, estableciendo aranceles sobre una serie de productos estadounidenses, incluyendo motocicletas, algunas bebidas alcohólicas y productos agrícolas y textiles, y tras una demanda ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), se llegó a un acuerdo para establecer un sistema de cuotas que incluía los intercambios de acero y aluminio. Se trata de un sistema en vigor hasta marzo de 2025 y por el que se establece un umbral de volumen de intercambios por debajo del cual no se pagan aranceles (tipo arancelario del 0%). Por encima de dicho cupo sí se pagaría un arancel del 25% para el caso del acero y del 10% para el aluminio”, puntualiza Sánchez. Es por ello que: “La UE debe adoptar una postura firme para defender a la industria europea frente a medidas proteccionistas como estas, tal y como se hizo anteriormente. Por otra parte, las empresas hace tiempo que defendemos que la disparidad de normas pone en desventaja competitiva a las compañías europeas frente a terceros países con regulaciones mucho menos exigentes. Aun así, creemos que es fundamental seguir insistiendo en el diálogo para evitar una escalada de tensiones comerciales que perjudiquen a todas las partes”, aconsejan desde Fempa.
Por su parte, en Fvem esperan que tomen medidas para proteger e incentivar la europea. “La pelota está en nuestro tejado, y es el momento de hablar y de negociar unas buenas condiciones para el sector”, puntualiza Rey.
Con respecto a las medidas que consideran necesarias para proteger a la industria española del acero y el aluminio en el contexto global actual, Fempa solicita el refuerzo de la política de defensa comercial de la UE y el apoyo a las empresas afectadas. “Internamente, serían necesarias medidas de apoyo a la competitividad de la Industria como incentivos fiscales, incentivos a la innovación o reducción de costes energéticos. También reforzar acuerdos comerciales con otros países y establecer estrategias de cooperación internacional para favorecer el fortalecimiento de la producción y el consumo de acero dentro de Europa. Además, sería conveniente explorar acuerdos bilaterales con EE.UU. para minimizar el impacto de estos aranceles.Estas acciones ayudarían a mitigar el impacto de los aranceles y a reforzar la competitividad del sector del acero y aluminio en España en el escenario global”, recalca Sánchez.
En cuanto a Fvem apuntan: “Cualquier medida que redunde en mejorar la competitividad de nuestra producción. Hay que darse cuenta que competimos con países en los que se produce a precios mucho más baratos”.
En cuanto a las perspectivas futuras de un posible acuerdo como en la anterior legislatura de Trump, desde Fvem ven un posible entendimiento entre las partes mientras que en Fempa señalan: “La situación política y económica actual es diferente, el contexto geopolítico no parece ser el más favorable para propiciar un acuerdo que permita mantener un comercio justo y equilibrado sin perjudicar a nuestra industria. Recientemente, Bruselas ha afirmado que no parece que la Administración estadounidense se esté implicando para llegar a un acuerdo".
Ante estas medidas arancelarias, hay que tener en cuenta que afectará no sólo a las materias sino a otras áreas como los costes logísticos, administrativos y financieros, entre otros. En este sentido, “los aranceles son solo una parte del problema. La nueva regulación incrementará los costes administrativos. La incertidumbre comercial puede generar retrasos en la cadena de suministros y favorecer un incremento de la litigiosidad comercial. La búsqueda de rutas alternativas también puede incrementar los costes logísticos y administrativos. Todo esto afectaría también a la financiación de muchas empresas que dependen de las exportaciones”, finaliza Sánchez.
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Este artículo aparece publicado en el nº 9 de Metales&Máquinas págs. 10 a 12.