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Ahondemos en los orígenes de este caso. El problema se remonta a marzo de 2018, cuando el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, impuso aranceles, del 25% al acero, y del 10% al aluminio, bajo el argumento de la seguridad nacional. Esta medida tuvo un impacto directo sobre las exportaciones europeas, cifradas en 6.400 millones de euros. En octubre de 2021, ya en el mandato del presidente Biden, se acordó una sustitución temporal de estos aranceles, reemplazándolos por contingentes libres de arancel basados en volúmenes históricos. Las importaciones en exceso de esos contingentes seguían gravadas con el 25%.
Adicionalmente, se estableció un sistema de excepciones para los productos que no tuvieran suficiente oferta por parte de los productores estadounidenses. Con ello, se produjo una distensión que permitió continuar las negociaciones hacia un acuerdo global sobre el acero y el aluminio sostenibles, dando muestras de la intención de resolver las diferencias mediante el diálogo.
Pero la parte americana de la ecuación ha vuelto a cambiar distensión por fricción nada más volver el presidente Trump a la Casa Blanca. Estados Unidos está usando los aranceles como herramienta de política industrial y también como un medio para obtener más poder en las relaciones internacionales con todo tipo de países, incluso con sus aliados tradicionales. Empezando por el acero, recuperará a partir del 12 de marzo los aranceles del 25%, sin cuotas ni productos exentos. Además, lo extenderá a productos transformados hechos fundamentalmente a partir de acero como estructuras para energía solar, torres eólicas, estructuras para construcción, depósitos, radiadores, vallas, clavos, tornillos, y muchos otros. Pero también amenaza con aranceles generales a todos los productos de la Unión Europea (25%) o de China (10%). Con Canadá, México o Reino Unido están en negociación.
Pero, ¿cuál es el impacto real de esta decisión? España, con exportaciones anuales de, aproximadamente, 250.000 toneladas de acero a Estados Unidos, representa cerca del 3,3% del total de las exportaciones siderúrgicas nacionales, alcanzando un valor de más de 400 millones de euros en 2024. Estos datos evidencian la importancia del mercado estadounidense para el sector y, a su vez, indican que los volúmenes exportados son algo menores que los del período 2015 – 2017, anterior a la primera aplicación de aranceles. Esta comparación sugiere que la medida actual no responde a un crecimiento desproporcionado en las exportaciones, sino que se enmarca en una estrategia proteccionista de alcance unilateral.
Para aterrizar correctamente las implicaciones económicas y técnicas de esta situación, en primer lugar, hay que tener en cuenta que otros países no tenían las cuotas exentas que teníamos otros y venían exportando 5 millones de toneladas. Por ejemplo, Turquía había reducido sus exportaciones a Estados Unidos, pero en 2024 ha exportado más de 440.000 toneladas, todas ellas sujetas al arancel del 25%. Por ello los europeos, que antes teníamos una cierta ventaja, perderemos cuota de mercado al pasar a tener el mismo arancel que el resto de países.
Por otra parte, Estados Unidos todavía importaba unos 22 millones de toneladas de acero sin aranceles de Canadá, México y otros países entre los que se encuentran los 4 millones de toneladas de la Unión Europea. Si se grava todo ello, o la mayor parte, los consumidores de acero americanos se encontrarán con productos importados más caros. En algunos casos el importador puede asumir parcialmente el 25% de arancel, pero en ningún caso lo absorberán todos. Además, los consumidores estadounidenses descubrirán que los productos domésticos serán más caros. Sin duda, en este escenario, los productores locales mejorarán sus cuentas de resultados, bien vendiendo las mismas cantidades un 25% más caras, o bien subiendo solo parcialmente los precios y aumentando además la cuota de mercado. Es probable que, por todo ello, aumente mucho la cuota vendiendo al mismo precio actual pero históricamente no ha sido el comportamiento más habitual.
Pero, y como daño colateral añadido a todo lo anteriormente mencionado, las exportaciones de todo el mundo a Estados Unidos de los productos transformados que se han añadido ahora al arancel se derivarán hacia mercados que ahora están abiertos, como el europeo.
No hemos de olvidar que el efecto de un arancel del 25% es el encarecimiento del acero importado, lo que repercute en toda la cadena productiva. Desde un punto de vista técnico, este incremento en los costes repercute de modo directo en la competitividad, afectando la eficiencia operativa y la capacidad de innovación de las empresas. La sobrecapacidad global, un desafío estructural que afecta a nuestro sector, se ve agravada por medidas que no abordan causas fundamentales, sino que se centran en proteger a la industria a través del proteccionismo.
El incremento de la producción de acero genera una tendencia a la baja en los precios y a la reducción de los márgenes de rentabilidad, lo que puede desincentivar la necesaria inversión en descarbonización. La incertidumbre generada por la reintroducción de aranceles no solo afecta a los actores económicos, sino que también deteriora la planificación a largo plazo, esencial para sostener un sector tan competitivo y dinámico como el siderúrgico.
Ante este escenario, Unesid ha propuesto a la administración comercial española distintas medidas. Entre las más prioritarias destaca generar un proceso de diálogo que lleve al mantenimiento de los acuerdos de 2018 conforme a los cuales ciertos productos de acero tienen un sistema de cuotas y excepciones. Si fuera necesario adoptar medidas de represalia, proponemos que se circunscriben al acero o a los productos de su cadena de valor, como por ejemplo a la maquinaria y a los bienes de equipo. Del mismo modo, apostamos por aplicar el criterio “melted and poured” a la definición del origen de todos los productos de acero importados a la UE y que están cubiertos por el arancel aprobado por EEUU.
Creemos que la adopción de una postura unificada por parte de los Estados miembros de la Unión Europea fortalecerá su posición en las negociaciones internacionales y facilitará la implementación de respuestas coordinadas frente a medidas unilaterales.
Unesid somos conscientes de que la reintroducción de aranceles al acero por parte de Estados Unidos es una medida local que puede tener consecuencias en un ya maltrecho mercado mundial, afectado por la sobrecapacidad y la necesidad de rentabilizar las inversiones en descarbonización. La solución a problemas de estas características no parece residir en medidas aisladas, sino en la búsqueda de soluciones integrales a través del diálogo y la cooperación internacional.
Por todo lo mencionado, el daño para la industria española es evidente y es por ello que solicitamos que España y la UE hagan lo posible por evitarlo. Para ello, contarán con todo el apoyo de Unesid. Es imperativo que Estados Unidos y la Unión Europea retomen el camino de las negociaciones orientadas a abordar las causas estructurales de la sobrecapacidad y fomentar un ambiente de inversión que garantice la sostenibilidad del sector.
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Este artículo aparece publicado en el nº 9 de Metales&Máquinas págs. 13 a 15.